Habitación 470

Miércoles 5 de Marzo 17:00 h, Hospital Sanitas la Zarzuela. 
Sentada en sillón de la sala de espera de admisión para pacientes de ingreso quirúrgico del edificio principal del Hospital, con mas de diez horas de ayuno, mis piernas no paran quietas. Las cruzo, las descruzo, juego con los pies, me levanto, paseo, vuelvo a sentarme, y así durante las dos horas restantes al ingreso en la sala de operaciones. Tengo mi rosario de la Virgen de Fátima entre las manos y no lo dejo ni un segundo. En ese caos de estrés me acompañan mis padres, mi novio y mi suegra, que entre dulces palabras intentan calmarme.
Intento distraerme contando historias, hablando y saliendo a la calle a dar un paseo, pero nada es útil, y por muy nerviosa que este, lo único que quiere es que me pasen ya a la sala quirúrgica. Me habían citado a las cinco para entrar supuestamente entre las 5.30 y 6.00 de la tarde, pero la cuestión se retrasó y hasta las 19:00 no me llamaron para entrar. No era la primera vez que me operaban, pues hace 4 años ya pasé por algo parecido con la operación de tiroides, pero no recuerdo haber tenido tanto miedo como ahora.
- Carolina Rovai - dijo, al fin, la voz femenina de la recepcionista
Entonces, el tiempo se me paró. Con los ojos abiertos y bañados en lagrimas miraba a mi madre y a Jorge (mi novio). Les dí todas mis cosas para que me las guardaran, mi móvil, mis pendientes, mi pircing, mi goma de pelo...
- Solo puede entrar un familiar - aclaró la recepcionista
.
Me despedí de mi padre, mi novio, mi suegra y mi tía que había venido a eso de las seis, les dí un abrazo fuerte y ellos me desearon con mucho animo que toda iba a salir bien. Entré con mi madre en un cuarto donde había una camilla y me dieron un camisón azul para que me desvistiera de mi ropa y me vistiera con él. No paraba de llorar, tenía las gafas sucias de lagrimones, mi madre me decía que me calmara. . Una enfermera se acercó a mi para colocarme una vía y me dijo que me tumbara en la camilla. Aproveché la espera para llamar al móvil de mi novio y gastarle una broma y decirle lo mucho que le amo. Estuvimos unos veinte minutos hasta que mi cirujano, el Doctor Díaz Agero, vino a verme y preguntarme como estaba. Le dije que asustada y que fuere lo que fuere, fuera rápido y sin dolor. Le pregunté si me iba a doler más que la anterior operación  y mi doctor como es tan sincero y no pilló los codazos que mi madre le estaba dando a la vez que le decía: ¡a qué no doctor!, intentando que yo no me percatara de ello, me dijo tan normal: sí, ten en cuenta que te vamos a abrir el esternón y eso es un hueso, entonces va a ser doloroso, pero vas a estar en la UCI y te van a cuidar muy bien.
A todo esto, solo el día anterior me habían dicho que me iban a ingresar en la UCI y para mi eso era algo nuevo y un significado más que lo que me iban a hacer no era precisamente una chorrada, además que iba a estar sola, sin nadie de mi familia que me acompañara. Por suerte cuento con la positividad de mi amiga Claudia, que me dijo que en la UCI era donde mejor iba a estar y que luego iba a querer volver, y la verdad es que tenía razón.
A los casi diez minutos que se fuera el doctor, vino un enfermero a por mí, mi madre me apretaba mucho la mano y yo no la quería soltar.
- Nos vamos - me dijo el joven enfermero
Yo nerviosa a mas no poder y llorando le solté la mano  a mi madre. Tumbada en la camilla veía como nos perdíamos en un laberinto de pasillos hasta llegar a la sala de operaciones donde me esperaban l@s enfermer@s, la anestesista y mi cirujano. Me pasaron de una camilla a otra, y en todo ese tiempo no solté el rosario ni una vez, ni cuando quisieron quitármelo, les dije que no me lo quitaran hasta que me durmiese y que cuando despertara me lo devolvieran a mis manos las últimas palabras que recuerdo haber dicho antes de que me anestesiaran fueron: doctor que no me duela nada.
Miercoles 5 Marzo 23:00 h, sala de la UCI, Hospital Sanitas La Zarzuela
Entreabrí los ojos y pude ver un reloj digital enfrente de mi, escuchaba ruidos de las maquinas que em rodeaban y yo entera estaba recubierta de tubos y una manta hinchable que me daba calor. Vi a un enfermero a mi lado, Raúl, que me preguntaba como me sentía. Yo estaba aturdida, sin comprender casi nada, pero aún así contestaba a lo que me preguntaba. Le dije que aquello que me envolvía me daba mucho calor y que me lo quitase y así hizo. Recuerdo que tenía nauseas y llegué a vomitar, no se como, pero Raúl me dijo que ladeara la cabeza que si no me podía ahogar, y mi cerebro lo encendió y así lo hizo, aunque yo no fuera consciente de lo que hacía.
Pregunté por mis padres y si todo había salido bien, me dijo que ahora pasarían a verme. Cerré los ojos.
- Carla, Carla..., escuchaba mi nombre, era mi madre, pues es así como ellos me llaman desde pequeña. Abrí los ojos y ahí les ví, a mi madre y mi padre, vestidos de pies a la cabeza con gorros y guantes verdes. No sé que les contesté, solo sé que me dijeron que toda había salido bien y que no les dejaban quedarse y se tenían que ir. Que estaban mis suegros y Jorge fuera esperanzados a que les dejaran pasar, pero no podían.
- Mañana te suben a la habitación- me dijo mi madre para calmar el ambiente- y todos podrán verte. Yo asentí. Mi padre me besaba la mano y entre los dos me contaban que lo primero que dije al
despertar fue: ¿donde está mi rosario?, y efectivamente, mi rosario estaba enlazado a mi mano.
Mis padres tuvieron que salir y yo intentando escuchar oí como hablaban con los enfermeros y le
decían que mañana a las ocho de la mañana me subirían a una habitación. Volví a dormirme.
Cada hora, a las y cuarto, se ponía a funcionar el medidor de la presión, pues sentía como apretaba mi brazo y su tiii tiiii sonaba. El reloj situado en frente de mi cama me permitía, entrecerrando los ojos, que aún así sin gafas, pudiera ver la hora. Me despertaba y volvía a dormir durante toda la noche, así hasta las diez de la mañana. Preguntaba si podía beber agua, pero no no podía. Rául, el enfermero, permaneció toda la noche a mi lado, recuerdo que venía a verme, me tocaba la frente y apartaba el pelo y me decía que estuviera tranquila. No recuerdo su cara, solo que tenía una bandana o pañuelo en la cabeza.
Jueves 6 de Marzo, UCI
A la mañana cuando al fin desperté ya Raúl no estaba, si no era otra enfermera la que cuidaba de mi, Sara. Nada más recuperar la consciencia pregunté si mis padres y mi novio estaban fuera, me decía que no habían llegado. Me pareció raro que fueran las diez y nadie estuviera allí ya. Me preocupé y pensé que se habían olvidado de mi. Le insistía a la enfermera que me dejara llamarlos y me contestaba que no podía. Lo único que pudo hacer es ya por fin dejarme beber agua y una manzanilla. Empecé a notar dolores y pedí si me podían poner morfina, entre todos los calmantes que ya tenía, me administraron un poco. Me di cuenta que me habían puesto una sonda para que pudiera hacer pis, pero estaba tan aturdida que ni sentía si lo hacía o no.
Pasado un tiempo seguí insistiendo a la enfermera que preguntara si había llegado alguien y después de tanto preguntar, al fin fue y trajo a mi madre que estaba en la sala de espera desde las ocho de la mañana. Que cabrona pensé, me dijo que no había nadie.
Mi madre me dijo que no la habían dejado entrar antes y que Jorge también estaba fuera desde temprano esperando con ella. El pobre no había dormido en toda la noche preocupado. Y yo pensando que se habían olvidado de mi.
A las 12:00 me subieron al fin a la habitación, después de la insistencia e mi madre, la mía y la de la enfermera de que me subieran ya. Al enterarme de que ya me subían les dije en tono burón a las enfermeras que espero que la habitación sea con vistas al mar. Se rieron. Resulta que otro paciente no quería abandonar la habitación sin desayunar... en fin.
Cuando me subieron, todo a mi alrededor daba vueltas, y al entrara a la habitación me empezó a faltar el aire y no podía respirar. Mi madre asustada preguntaba que pasaba y yo con la mano me daba golpes en el pecho indicando que eme faltaba el aire. Las enfermeras me calmaron y dijeron que respirara por la nariz y lo echara por la boca despacio. Me asusté.
El recuerdo de ese día lo tengo borroso, pero se que Jorge y mi madre no se movieron de mi lado.
Incluso Jorge se quedó la noche conmigo y le dijo a mi madre que se fuera a descansar. Me ponían la
tele pero no conseguía verla, estaba mareada, aturdida y con nauseas. No tenía hambre, no comía y me dolía. Por la tarde recibí visitas de familiares, amigos de la familia y de mis suegros, hubo un momento que me agobié por tanta gente, pero agradecía la compañía.
Los días siguiente no fueron ni por poco mejores, pues no dormía bien y desertaba ya con nauseas y brotes de ansiedad. Empecé a sudar, a tener palpitaciones, a que me faltas el aire,me temblaran las piernas y tenía mucho calor. Jorge intentaba tranquilizarme, no me soltaba la mano y llamó a la enfermera de turno. Vino a verme una doctora y me preguntó si estaba tomando mi medicación, la dije que no. Me pusieron mas calmantes, me midieron la tensión y me dieron una pastilla para debajo de la lengua. Al cabo de un rato intenté tranquilizarme y dormir un poco. Mi cirujano venía todos los días a ver como estaba a curarme los puntos y la cicatriz. Estuve tres días ingresada, teniendo altibajos, más bajos que altos. Me hice amiga de todos los enfermer@s que estaban, pues intentaba charlas con ell@s, me trataron muy bien y se lo agradezco.
Sábado 8 Marzo, el alta.
Entró una enfermera a traerme el desayuno, pero el ruido de los coches a primera hora de la mañana ya nos había despertado a Jorge y a mí. Dormíamos con la ventana abierta, hacía un calor de locos en toda la planta cuarta del hospital. Fue el primer día que comí algo. Me levanté con ganas de recuperarme y sentirme bien, pues el día anterior había estado fatal, y sabía que si no ponía de mi parte y comía un poco no iba a salir de ahí. Así que me levanté, desayuné y con la ayuda de Jorge me lavé, porque yo sola no podía hacer nada. Me miré la cicatriz en el espejo, justo la tengo en el medio del pecho, partiendo desde el centro hasta donde termina el pecho. Wow, algo precioso, de paso podían haberme puesto tetas también lo hubiera agradecido pensé.
Al terminar de lavarme entró un amigo de la familia al cuarto y me trajo unas flores super bonitas, que las puse junto al resto de flores, peluche y bombones que me habían regalado.
Me asomé a la ventana que aunque no fuera con vistas al mar, tenía unas preciosa vistas de Madrid, las cuatro torres de Florentino vislumbraban el horizonte con el fondo azul del cielo. Le dije a Jorge que pusiera la canción Happy de Pharell, que me anima muchísimo, le dije grábame. Empecé a bailar la canción, me encontraba bien, por primera vez desde la operación estaba contenta. Le pase el vídeo a mis familiares y amigas, tod@s quedaron asombrados y me dijeron que así de alegre tenía que estar. Esa misma mañana el doctor Díaz me dio el alta y me fui a casa.

Durante el resto de días y la primera semana de postoperatorio fue una pesadilla, pues todo lo bien
que me había encontrado aquel sábado desapareció. Fue una semana infernal, de idas y venidas de
urgencias los primeros días, porque me encontraba mal, volvieron los sudores, palpitaciones y
nauseas continuas, incluso llegué a tener décimas de fiebre. No fue si no a partir de la segunda que comencé a sentirme bien, aún ahora los dolores siguen y hago fisioterapia con un exipirometro que me ayuda a respirar mejor y los antiinflamatoros que me calman el dolor. Puedo decir que me estoy recuperando bien y que lo peor ya ha pasado.
 Ahora miro atrás y agradezco a Dios y a la Virgen porque toda haya salido bien. Por haber hecho que mi familia, Jorge y mis seres queridos hayan estado a mi lado todo el tiempo. Hay un refrán que es el único al que creo y dice: no hay mal que por bien no venga. Pues el bocio intratoracico situado cerca de la vena aorta, me lo descubrieron por una casualidad, por un dolor de espalda y tras realizar un tac se vio. Si la espalda no me hubiera llegado a doler tanto como para ir a hacerme un tac, este bocio jamás se hubiera visto y posiblemente esto no lo pudiera haber contado.
También me ha hecho ver que en la vida no hay nada más importante que la propia salud, porque sin esta no tienes nada, pero nada, ni amor, ni familia, ni amistad ni dinero, NADA. Así que ya me dejo de tonterías y de rayadas de cabeza, porque en estos momentos he tenido a las personas que mas quiero cerca de mi, no me han fallado ni un momento y se lo quiero agradecer con esta historia. Porque el amor de mi vida Jorge me ha demostrado más que nadie lo que me quiere al haber estado cada segundo a mi lado, cuidadome como nadie lo ha hecho, excepto mi madre. Porque es lo mejor que tengo en eta vida, y cariño TE AMO.
A mi madre por siempre estar ahí, por cuidarme y quererme,aunque se pusiera mas nerviosa que yo. A mis suegros, que les adoro, por todo el apoyo que me han dado y al resto de familiares por estar pendientes de mí y así como a mis amigas que hayan estado presentes y apoyadome. Te quiero mucho Clau.

Espero haberos enseñado algo con mi historia, y es que la Fe es lo último que se pierde y que más haya de la salud no hay nada. A sonreír :) :) :) :)


Comentarios

  1. me ha gustado mucho la historia Carol, y más sabiendo que son hechos reales, espero que estés mucho mejor y me alegro que todo haya salido bien! un besoo =)

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  2. ¡Que historia! Chevere poder ver ese video, Cuidate mucho.
    Alejandro Mendoza

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