TODO NACE Y TODO MUERE: UN RELATO QUE ESCRIBÍ PARA QUIEN QUIERA LEERLO
TODO NACE Y TODO MUERE
CAROLINA ROVAI
Mirar al horizonte
y observar como el sol desaparece tras el mar, dejando un hilo de luz que
ilumina la primera estrella de la noche. La arena ya no quema, incluso está un
poco fría.
Encendemos la
hoguera y nos sentamos todos alrededor de ella con nuestras cervezas y
bocadillos.
Es increíble cómo
te puedes quedar embobada mirando el fuego… y pienso es algo tan necesario y a
la vez peligroso, como el amor. Es la noche de San Lorenzo, la única noche del
año donde se arma un festín de estrellas fugaces y por cada una de ellas pido
un deseo… ¿Qué sí creo que se cumplirá? Tengo fe en ello.
Ya son las doce de
la noche y como tradición de todos los años en este día, nos metemos un
chapuzón en el mar. Me da miedo el mar de noche, no ves nada y no sabes que
puedes encontrarte, ¿y si sale una medusa o un cangrejo? De todos modos voy
bañándome poco a poco como suelo hacer, pero de repente llega Luis, me empuja y
me caigo al agua.
Siempre
chinchándome… le encanta, y a mí me encanta él. Recuerdo la primera vez que nos
vimos en el instituto, fue un flechazo, ahí surgió todo.
Terminado el baño,
nos fuimos a secar junto a la hoguera y nos pusimos a jugar a las cartas.
Jugamos a culo, a escoba, a continental y finalmente al póker…pero se hacía
interminable así que decidimos suspenderlo y ponernos a contar historias de
miedo, algo que no me hacía mucha gracia ya que soy una miedica. Cada vez que
tenía miedo o no quería escuchar una parte de la historia me taba las orejas y
tarareaba, todos se reían de mí y yo también.
Le pedí a Luis si
nos íbamos a dar un paseo por la playa y me dijo que sí. Nos cogimos de la mano
y empezamos a hablar de nuestras cosas; de la uni, de nuestros padres, de
nuestros amigos y de lo que queríamos para nuestro futuro…
Sin darnos cuenta
nos habíamos alejado mucho y ahora nos tocaba volver, ya que se hacía tarde.
Nos dimos un beso y proseguimos nuestro camino de vuelta, estábamos tan bien
juntos… quién iba a pensar que en un par de semanas siguientes todo se iba a
acabar.
A nuestra vuelta,
algunos se habían quedado dormidos en las tiendas de campaña y otros seguían
hablando y jugando a las cartas. Nosotros nos fuimos a nuestra tienda, pues ya
estábamos cansados, miré el fuego por última vez, viendo cómo se iba apagando.
Nos acostamos abrazados mientras una suave brisa pasaba por la fina tela de la
tienda dándonos así un suave frescor que nos dejó dormir del tirón toda la
noche.
El calor que hacía
en la tienda y los gritos de los niños correteando por la playa nos
despertaron. Nos vestimos y fuimos a desayunar al bar de enfrente. Mientras
Luis fue a pedir el desayuno yo me quede en la mesa, pensando que en una semana
se acabarían las vacaciones y volveríamos
a la vida normal y lo peor, que Luis se iba de Erasmus.
-¿Valentina, estás
bien?- me pregunta
-Si...- susurro
abrumada por mis pensamientos
Me mira con cara
de incrédulo, pero asiente y se sienta a mi lado. Qué guapo es, el moreno le luce, hace que sus
ojos verdes resalten más. No parece de aquí, su pelo moreno, ojos claros y piel
morena y sonrisa perfecta, desde luego diría que es del Caribe.
-Vale, he pensado
que podrías venir a verme a Londres el mes que viene… ¿Qué te parece?- me mira
con ojos cautivadores
-Me parece
perfecto- le sonrío
Nos levantamos y
nos vamos a casa a ducharnos y a hacer las maletas, ya mañana regresamos a
Madrid.
El último día lo
pasamos en la playa con nuestros amigos jugando al vóley y disfrutando del mar.
Más tarde salimos a tomar algo a una terraza y dar un paseo por la ciudad. Me encanta
Cádiz, su edificios me parecen tan árabes.
Llegados a Madrid
otro aire se respira, el de un calor infernal de finales de agosto. Cogemos un
taxi hasta nuestras casas, por suerte vivimos en el mismo barrio. Quedamos en
vernos por la noche.
Mi amiga Eli
estaba esperándome en casa junto a mis padres contentos de mi vuelta. Ni que me
hubiera ido tres meses… a veces son unos exagerados. Les cuento mi viaje y se
quedan tranquilos, me llevo a Eli a mi cuarto
y a ella sí que le cuento todos los detalles, y mi angustia por los
pocos días que faltan para que se vaya Luis.
Eli sabe escuchar
muy bien y siempre me da buenos consejos, entiende que este preocupada, pero me
hace entender que solo es un año y que Londres está cerca podremos vernos más
fácilmente. La sonrío y le doy un abrazo, estoy más tranquila.
Esa noche cené con
mi familia y luego quedé con Luis, fui a su casa a despedirme de su familia que
mañana se iba de viaje. Son unas personas muy agradables, les tengo mucho
cariño y me tratan muy bien. Se despiden de Luis y de mí, les deseo un buen
viaje, y Luis y yo nos vamos a ver una peli a su cuarto.
Después de la
peli, nos envolvimos entre abrazos y besos apasionados, caricias
interminables... el corazón a mil por hora cada vez que me tocaba y yo gemía una
y otra vez, intentando no hacer ruido para que no nos oyeran, y entonces
estallé y sentí como él hacía lo mismo dentro de mí. Nos quedamos dormidos.
Por la mañana le
hice su desayuno favorito, tortitas con nata, sirope de caramelo, café con
leche y un zumo de naranja. La verdad es que es el favorito de los dos. Se lo
merecía después de la noche de ayer. Se vistió y fue a la universidad a
arreglar los últimos papeles, eso me hizo recordar que quedaban cuatro días
para que se fuera. Me cambió la cara.
Los días pasaban
rápido, ya solo quedaba un día y no quería que llegase. Le organicé una fiesta
sorpresa con todos sus amigos. Decoré toda la casa con globos y una pancarta
gigante que decía: NO TE OLVIDAREMOS, NO NOS OLVIDES.
Menos mal que
tenía la ayuda de Eli y Tomás, el mejor amigo de Luis. También hicimos comida,
bastante y compré una tarta enorme de chocolate con fresas, su favorita.
A su llegada todos
le gritamos sorpresa y de la emoción casi llora dándonos las gracias por la
grata sorpresa. Qué alegría que me da verle feliz. La tarde transcurrió rápida
y todos nuestros amigos se fueron, dejándonos solos. Y allí en pleno salón, nos
dejamos llevar por la pasión y todos los sentimientos que la despedida
albergaba, liberando así nuestras más profundas fantasías.
Acompañe a Luis al
aeropuerto, más nos acercábamos al momento de la despedida, más angustia
sentía. Luis parecía tranquilo, pero no me soltaba la mano y había momentos en
que me la apretaba con fuerza. Nos paramos en la puerta de embarque, llegó la
hora. Nos dimos un abrazo interminable y un gran beso que reflejaba todo
nuestro amor, no pude evitar que se me saliera una lágrima.
-Vale, no llores,
en menos de un mes nos volvemos a ver. Además estaremos todos los días
hablando. Y sabes que siempre estarás en mi mente
Sonrío y asiento mirándole
fijamente. No me dejes por favor. Le quiero
-Tú también en la
mía, para siempre.
Nos dimos un
último beso y se fue. Como quisiera que se diera la vuelta y se quedara aquí
conmigo.
Las primeras
semanas sin Luis se hacían difíciles, apenas tenía ganas de salir, pero mis
amigas me obligaban para que me distrajera y poco a poco lo fui haciendo. No
era fácil acostumbrarse a estar todos los días con una persona a pasar a nada.
Por lo menos hablábamos todos los días. Luis estaba contento con su clase y sus
compañeros, y al parecer la vida allí era bastante tranquila. Le encantaba
París y estaba deseando que fuera a verle y mostrármelo todo.
Cuando llegué a
Londres, Luis vino a recogerme al aeropuerto. Le vi de lejos, seguía tan guapo
como siempre. Me abrazó fuerte y me besó. No paraba de decirme lo feliz que era
de que estuviera allí y lo mucho que me había echado de menos. Cogimos un taxi
hacía su casa en Bermondsey, cerca de Tower Bridge. Su apartamento estaba
situado sobre el rio Támesis, y se veían las torres Bridge iluminadas por la
noche, era precioso. Una vista espectacular, pero que me daba algo de miedo
asomarme a la terraza y ver que podría caerme al rio. Compartía el piso con
otro compañero que estaba de Erasmus, Jake, japonés, muy simpático y divertido.
En Londres a las
cuatro y media de la tarde ya anochece, algo un poco deprimente, pero al fin y
al cabo te acostumbras. Dimos una vuelta por la zona donde vivía, me enseño el
paseo del rio y cruzamos las torres, luego la zona empresarial de la zona y
tomamos algo en un bar que está situado justo debajo del puente Bridge. Un
lugar acogedor y cálido, nos sentamos al fondo junto al ventanal que visionaba
el río y veíamos a los barcos pasar. Teníamos mucha hambre y allí ya era hora
de cenar, así que nos pedimos dos platos de fish and chips y de postre una rica
tarta de chocolate.
Volvimos a casa
dando un paseo y hablando sobre su nueva vida en Londres, se le veía muy
contento.
A la mañana siguiente
fuimos a desayunar un english breakfast. Tortitas, huevos, bacon y salsichas
para él, yo preferí unas tortitas con fresas y frutas del bosque y sirope de
melocotón con un buen café con leche y zumo de naranja. ¡Qué gran desayuno!
¿Por qué no los hay en Madrid?
Seguidamente, me
llevó a conocer Londres, el tiempo era nublado y parecía que fuese a llover,
menos mal me traje mis botas de agua. Recorrimos toda la ciudad andando, desde
Tower Bridge hasta Oxford street, pasando por el Big Ben, el Buckingham Palace,
Sant james Park… y todo esto sin parar de hacer fotos.
De pronto llegamos
a una calle comercial, que me recordaba mucho a la gran vía de Madrid, llena de
tiendas y de gente comprando y expuesta ya con luces de navideñas. Entramos a
Harrods, tan solo la fachada del centro me dejaba pasmada, completamente
decorada con luces de navidad y el interior tenía varias plantas con diversas
categorías, la que mas abundaban eran las de ropa de marca, pero la que más me
gustó fue la de comida. Una sala enorme llena de chocolate de todos los tipos,
galletas navideñas, té, café… me impresionó.
El resto del día lo
pasamos con sus amigos de la universidad en un bar típico inglés, repleto de
gente, tomando cerveza. La verdad que todos son muy agradables y me alegra ver
que no hay amenaza alguna de la que deba preocuparme.
Los días en
Londres pasaron rápido y llego la ahora de volver a casa. No volvería a ver a
Luis hasta Navidades. La despedida duró casi un día, contando la noche
anterior. No quería despegarme de sus brazos. Casi hace que pierda el vuelo,
porque no quería soltarme.
-
Hasta pronto mi amor, ha sido una semana
maravillosa, y ya quiero que sea diciembre para volver a verte- me dice
mirándome fijamente.
Siempre consigue ruborizarme
con su mirada, parezco nueva.
-
Yo también lo deseo, y sí ha sido una semana
fantástica.- Y le doy un beso.
Me dirijo a la puerta de embarque, y con la mirada fija
en él le sonrío y le saludo con la mano. No sé porque me voy con una sensación
extraña en el estomago, como si no volviera a verle…
Los meses
siguientes pasaron deprisa, a pesar de que mi comunicación con Luis no había
sido muy frecuente últimamente. Pues los dos estábamos bastante ocupados entre
la universidad y el trabajo. Ya no teníamos tiempo de vernos por Skype, y
nuestras charlas por Whatsapp disminuían. Estábamos raros, la relación había
cambiado. Y a pesar de ello, ya no le echaba tanto de menos. Puede que en ello
afectara el distanciamiento que se había causado entre nosotros y que Luis ya
no era el mismo chico cariñoso que decía amarme.
Comencé a ver las
cosas desde otras perspectivas, salía mas con mis amigas, iba a garitos y sin quererlo y de forma
espontanea coqueteaba con otros chicos. Algo que al principio me hacía sentir
culpable y mala persona, pero luego acabó gustándome. Necesitaba la atención de
otros chicos, ya que por parte del mío no la recibía.
Una noche envuelta
en mis pensamientos y viendo fotos de Luis y mías, decidí enviarle un mensaje:
-Cariño, tenemos
que hablar-
Un mensaje
bastante cortante para cualquiera que lo leyese, pero era todo lo que tenía que
decirle, ya que cuando habláramos se lo explicaría mejor. Había llegado a la
conclusión de que había que intentar salvar la relación o si seguíamos así todo
se iba al garete. Mi Luis ya no era el mismo, había cambiado y por mucho miedo
que me diera tenía que descubrir el porqué.
Pasa una hora y me
llama, en su voz noto un tono de preocupación.
-
Hola Vale, te he llamado en cuanto he podido,
¿qué ocurre? me tienes preocupado.
Uff…
no pensaba que el momento de hablarlo me fuera a costar tanto, en mi mente todo
era rápido y sencillo.
-
Hola- le digo susurrando- Creo que ha llegado la
hora de hablar de nuestra relación. Luis, creo que no está teniendo un buen
rumbo. Nos hemos distanciado y te noto diferente- digo entre suspiros.
-
Vale yo… tienes razón, nos hemos distanciado y
no he estado tan pendiente de la relación como debería. He estado ocupado y no
se supongo que se me ha pasado…
-
¿Me echas de menos?- le corto
-
Sí, claro que si…- dice en un tono seguro
-
¿Tanto como antes?
-
Eh…bueno, reconozco que he estado más distraído
y no lo he notado tanto…
-
Ya… a mí me pasa lo mismo. Creo que nuestros
sentimientos han cambiado y lo que nos une ahora es el cariño de todo este
tiempo.
-
¿Qué quieres decir con esto?- me asalta
-
Quizás ya no sintamos lo mismo el uno por el
otro, o por lo menos mientras estemos lejos el uno del otro esto seguirá así. Y
yo no puedo, no quiero tener una relación así. Necesito sentirme querida y
deseada, y tú eso ahora no me lo estás dando… Deberíamos darnos un tiempo.
Luis
se queda callado durante un minuto, parece nervioso, pero al fin contesta.
-
Está bien, creo que tienes razón, he descuidado
esta relación y es lógico que te sientas así. Perdóname por haberte hecho daño.
Y
en ese momento me afloran todos los recuerdos de nuestra relación, al fin y al
cabo han sido dos años juntos, y me saltan las lágrimas. Estoy dejando al chico
que más he querido nunca, y nunca pensé que haría algo así… pero no puedo
seguir como lo estamos haciendo, es duro y difícil de soportar. El escucha mis
sollozos y parece angustiado.
-
Sí, creo que será lo mejor, por lo menos por un
tiempo hasta aclararnos.
-
Un beso Vale, que sepas que siempre te querré.
-
Y yo a ti, Luis.
Y
colgamos. Ha sido la conversación más difícil que he tenido nunca y encima por
móvil…
Alomejor
tenía que haber esperado hasta que volviera en Navidades, pero no, no habría
aguantado tanto tiempo así. Me tumbo en la cama, pongo mi CD de música favorita
y rompo a llorar, mientras los recuerdos me pasan lentamente por la cabeza.
Ha
pasado un mes desde que Luis y yo lo dejamos, y he sobrevivido notablemente. Ya
me había acostumbrado a su falta, lo que ahora agradezco. Y pos suerte que
cuento con las mejores amistades para ayudarme a superar este bache de mi vida.
Nadie se muere de amor.
Comentarios
Publicar un comentario