EL TERROR
Buenas tardes chic@s!! Hace un tiempo que no escribo, ya que, he estado un poco liada. Lo que os voy a presentar hoy, no está escrito por mí, pero es una columna de opinión que me ha llamado mucho la atención y que además comparto en su pensamiento. Espero os guste y que podáis opinar un poco sobre "el terror humano".
Escrito por Manuel Vicent, columnista del periódico EL PAÍS.
Antes sentíamos terror
frente a las cosas que ignorábamos; ahora sentimos terror por las cosas que
conocemos. Antes adorábamos al Sol para que nos fuera propicio y fiábamos
nuestro destino a las estrellas; ahora la astronomía nos amenaza con millones
de aerolitos y puede que cualquier día uno de ellos acabe con la vida en la
Tierra. A los antiguos les causaban pánico la veleidad y tormentoso carácter de
Yahvé y de los dioses del Olimpo, los dueños del rayo de la muerte; ahora
vivimos a merced de los misiles o del coche bomba de un fanático, porque el
Olimpo está en el Pentágono o en el sótano de cualquier grupo terrorista. Ayer
ignorábamos el misterio del feto en el vientre de la madre y sentíamos terror
ante la posibilidad de engendrar a un monstruo; hoy sabemos que ese monstruo se
puede fabricar en un laboratorio cruzando genes humanos y de animales. Ayer
bendecíamos la mesa para agradecer los alimentos que nos había regalado el
Señor; hoy esta oración es más necesaria que nunca porque tememos que la comida
basura nos vaya a envenenar. Ayer reinaba la Inquisición o la voluntad
despótica de un tirano, a la que estábamos sometidos; hoy sentimos la misma
indefensión ante la incompetencia y la corrupción de los políticos demócratas
que hemos elegido. Antes nos sobrecogía el origen desconocido de las
tempestades, inundaciones, incendios y seísmos de la naturaleza; ahora el
pánico se genera ante el poder que la ciencia y la técnica han concedido a la
humanidad para destruir el planeta con la lluvia nuclear. Antes nos angustiaba
saber que veníamos del mono; ahora nos alarma la convicción de que nuestra
decadencia nos devuelve de nuevo al mundo de los simios. Cuando éramos niños,
en medio de la dicha solar, teníamos miedo a los espectros de la oscuridad y
durante las turbulencias de la pubertad nos sentimos acongojados por los
tormentos del sexo y del infierno, por las pesadillas ante un futuro incierto.
Pasados los años, al saber qué bromas macabras se gasta la naturaleza y en qué
pozos negros abreva la psicología humana, se llega a esta conclusión: el terror
que expele la inteligencia solo se atempera con la moral y la moral alcanza su
cima con la estética. Esta es la única forma de superar con cierta dignidad las
desventuras de este perro mundo.
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